sábado, 17 de noviembre de 2012

Hermosa mañana de domingo, que permite pasear, descansar, leer, sentarte en una terrazita. Es un día de otoño,  hace sol y el cielo es de un azul sorprendente , no hay nubes, la temperatura es agradable.
Entré en una panadería de esas  donde encuentras pan de tahona, que no en todos los sitios venden. La tienda es pequeña, la barra en la que despachaban era de madera y el resto mármol blanco inmaculado, parecía un cubículo perfectamente,  sin nada, con un señor rechoncho vendiendo pan no había nada más.
Me puse en la cola, que llegaba hasta la calle. Y mientras observaba la curiosa tienda donde detrás de mi había una pequeña ventana que daba a un escaparate que no tenía nada. También de mármol blanco y los cristales tapados con un triste papel marrón. Como no había nada más que ver a mi alrededor, comencé a mirar a los que estaban en la cola que ligera iba avanzando muy rápido. Delante de mi había un hombre enorme con un gran polo de rayas rojo y blanco pensé “mira, he encontrado a Wally”, delante de él había una chica cuya espalda me era familiar, el hombretón de delante impedía mi curiosidad. La chica al llegar al mostrador y con un tono agudo casi de pito que me era muy conocido pidió -“Dos chapatas”- las recogió, se giró, esquivó al grandullón y cuando llegó a mi altura giró, los ojos se le pusieron como platos, sus enormes dientes sobresalieron de esa boca tan pequeña y su voz aguda –“Túuu, ja,ja”- ¿Cómo Pasa el tiempo?.
Si, era ella, Marta, la famosa Marta de mi clase, la que me hacía la vida imposible, ella siempre era perfecta, bajo ese flequillo asomaba una niña insoportable, repipi y cursi. Y que toda la clase vitoreba.  Yo no era popular pero Dª Perfecta si . No me daba la gana someterme a sus chorradas , no la seguía, Marta no soportaba eso se metía conmigo y al final salía mal parada porque no sabía defenderme, convirtiéndome en carne de cañon.
Después de un extenso interrogatorio al que me deje someter, no se… ¿por qué?. Me invitó a una comida de navidad con los antiguos alumnos del colegio.
Pero ¡Qué planazo! ¿Qué pinto ahí? . Dejé el colegio y salí tal cual libre como una gacela. Durante 12 años de mi vida escolar no fui feliz, no encajaba. Yo iba a mi bola. Y pasaba de todos. Además en una reunión de estas ¿De qué hablas?, el fisgoneo es constante. Empezando por el calzado y acabando por la última mecha de tu pelo, eso si detalladamente mirarían tu cara muy despacio para no dejar escapar poro o arruga inoportuna, una vez analizada, radiografiada. Le toca al acompañante siguiendo el mismo proceso con el que han seguido contigo. Y tras una falsa sonrisa te dicen “Estas igual”.
No voy a ir, porque a ninguno cosideré mi amigo ni compañero. Cuando necesité algo ninguno estaba dispuesto a mojarse y menos Marta, ya se encargaría ella de publicar a los 4 vientos tus defectos, reírse de los sentimientos, humillarte con tanta gana que parecía disfrutar con ello.
He olvidado todo lo que hizo, lo tengo superado. Ella nunca pidió perdón, ni siquiera hoy, en la panadería. La hubiera perdonado.
La mañana de domingo la sigo disfrutando sentada en una terracita con un Rioja, patatas, y mi gente que me quiere.

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