sábado, 6 de octubre de 2012

Unos achaques de salud han hecho que me retire durante una temporada de monótonas obligaciones y de mis aficiones, una de ellas, esta la de escribir en un blog. Escribo porque me gusta compartir con desconocidos, películas, música, escritores… No se si lo haré bien o mal, si gustaré o no pero me divierte escribir.
Voy a escribir sobre la cocina. La verdad que los que cocinamos por obligación que no por devoción nos parece un rollo.  Para empezar tienes que pensar en lo que vas a preparar, que eso esta genial cuando tus comensales devoran todo. Pero si tienes limitaciones,  porque no les guste el 80% de la comida. Lo tienes chungo y la única opción que tienes es “sota, caballo y rey…”. Una vez que ya has pensado el menú, te dispones a prepararlo.  pero, insisto, a los que no nos gusta la cocina,  nos da muchísima pereza.  Ya superada la vaguería te dispones a cocinar. Preparas la cacerola, pones el aceite, partes la cebolla muy pequeña, lo echas, remueves, te envuelves entre el olor y el sonido, salsa de tomate, el pimiento verde  lo partes en  trozitos. Lo incorporas junto con la zanahoria cortada en juliana. Mientras los pensamientos que hay en la cabeza van aflorando junto con el ritual culinario. Piensas en tu trabajo, la faena que te han hecho, en cosas buenas, cosas malas. Hay como una complicidad entre el momento del “chof, chof” y tu. ¿y si estos fogones algún día hablaran? Con la cantidad de cosas que han , han visto y oído. Te preguntas con una sonrisilla.
Despacio y con mimo depositando todo el cariño incorporas la harina lo remueves, añades caldo y vino blanco, remueves (otra vez), salpimentas e incorporas las albóndigas que previamente has hecho ¿Cómo? Por si hay alguien por ahí que anda despistado. ½ kg de carne picada que tienes que aliñar la noche antes con huevo, pan rallado, leche , ajo y perejil. Una vez esta listo tienes que hacer bolitas. Una por una, diez minutos no te los quita nadie, tampoco el pringue, bueno si…,
Una vez que terminas tienes que limpiar y colocar todo. Es un trabajo y tiempo en dedicación. Que a los que no nos gusta, nos lo tomamos con resignación porque si no lo haces tú, es queda todo hecho un asco y nadie va venir a recogerte la cocina por tu cara bonita. Veloz como rayo dejas la cocina limpita e impecable.
Pones el mantel  de hilo en color beige  bordado a mano, a continuación colocas los cubiertos, las copas. Para agua y vino. Bajo platos y vajilla de flores con fondo burdeos y motivos en verdes, naranjas… son   especiales porque la ocasión la merece a continuación los platitos de pan, la jarra con agua y un vino. A ver….pensemos en….un Rioja crianza.  Un centro de flores secas que has trabajado  toda la tarde, unas velas… Mientras  Joaquin Sabina nos canta “19 días y 500 noches”.
No te has olvidado de unos aperitivios o entrantes como mejillones al vapor, jamón serrano cortado en lonchas muy finitas, tostas , aceitunas, queso manchego y que no falte las ensaladas  de ventresca con atún aliñada con aceite de oliva virgen y otra de canónigos con manzana regado con vinagre de Jerez
Y después de esto a disfrutar de la noche….el postre lo pones tú.